Esta historia es la de un hombre que, bajo el peso de las cosas, tuvo que huir para protegerse y no perder su humanidad.
Durante una noche en la que incluso el sueño se negaba a llegar, deslizaba distraídamente vídeos y shorts de YouTube cuando una obra musical afro inspirada en la canción *Papaoutai* de Stromae apareció ante mí. Era el 24 de febrero de 2026.
Entonces me invadió una ola de emoción tan repentina como irreal.
Me interesé por la construcción de aquella música y descubrí que había sido creada con la ayuda de una inteligencia artificial. Muy tarde aquella noche me suscribí a esa IA y escribí las primeras versiones de la canción:
«Nunca pensé que te irías».
Asustado por las sucesivas generaciones, los intentos, los errores y las correcciones que iba aportando a aquella sencilla canción, poco a poco descubrí algo inesperado: las emociones provocadas por distintos estilos musicales eran reales.
Como me había refugiado en un país vecino, España, comencé a escribir una versión en español, por supuesto muy aproximada, dándole acentos andaluces, con guitarra y saxofón. Y me encontré completamente transportado por aquella música.
Después llegaron otras canciones, otros escritos, que fueron acompañando mis estados de ánimo en diferentes idiomas. Porque, en ciertos momentos, quería hacer escuchar esta música a una amiga brasileña, a una amiga china o simplemente compartir una emoción más allá de las fronteras.
Entonces me encontré frente a una pregunta fascinante:
¿Existe una universalidad de la emoción?
Así que, aunque no comprendáis todas estas lenguas, os invito a escuchar estas canciones. Nacen de momentos de vida reales, de sentimientos auténticos y profundamente vividos.
A través de esta pluralidad lingüística, espero transmitiros una parte de aquello que me ha emocionado.
Empiezo a creer que existe un lenguaje de las almas, más allá de las palabras, de los ritmos, de las lenguas y de las culturas.
Espero que estas canciones os aporten nuevas formas de comprender las emociones, que os ayuden a seguir siendo vosotros mismos y que iluminen vuestro camino, como iluminaron el mío.
Sí, las letras son mías.
Laurent B.
Los arreglos nacieron gracias a la inteligencia artificial, tras innumerables horas de escucha, correcciones de prompts y adaptaciones de los textos, para que las sonoridades, los ritmos y las orquestaciones se acercaran lo más posible a las emociones que deseaba transmitir.
En el fondo, la herramienta importa poco.
Lo que importa es aquello que nos conmueve.
Gracias, simplemente.
Laurent B.
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